martes, 24 de marzo de 2015

Cargando con El Calvario

Cargando el Paso del Calvario
Nuestro particular “Cristo de los Gitanos”

La presente instantánea fotográfica, realizada a color a finales de la década de 1970, nos muestra un momento de la procesión de las Siete Palabras o de Penitencia, la cual tenía lugar en la mañana del Viernes Santo. Concretamente un fugaz instante en el que el paso o Grupo Escultórico del Calvario se dirige lento y pausado hacia la iglesia de Santa María. Eran otros tiempos en los que el colectivo gitano de Benavente mostraba a su manera una gran devoción por la Semana Santa y un manifiesto sentimiento de fervor por sus imágenes. Hasta tal punto que era uno de los componentes característicos y singulares de nuestra Semana Santa, por lo que llegó a ser conocido a nivel popular este grupo como el “Paso de los Gitanos”. Ellos le llamaban coloquialmente “El Cachorro”, porque particularmente les recordaba a la imagen sevillana que tanto habían visto en las estampas piadosas y devocionales, en los reportajes del NODO y en las transmisiones semanasanteras de la televisión


Este grupo escultórico fue adquirido 1943 por las cofradías de la Vera Cruz y el Santo Entierro para la Pasión local, y muy pronto los gitanos de Benavente se hicieron cargo de portar el paso, lo cual además del orden práctico significaba también una forma más de su integración en la sociedad benaventana y en particular en la Semana Santa. Ello venía a suponer además de una anécdota una forma de integración, ya que era ésta una de las escasas manifestaciones externas y de participación en el culto católico por esta comunidad, toda vez que quizá se carecía por entonces de una pastoral específica para los miembros de la etnia gitana.

El excesivo peso de las imágenes y su mesa procesional al parecer producía no pocas magulladuras a los cargadores. En ocasiones los directivos de las cofradías y los propios capellanes y sacerdotes de las parroquias se veían en dificultades, a veces ante la inminencia de las procesiones, para encontrar costaleros o porteadores que se hiciesen cargo de los banzos de los pasos de la Semana Santa. Por ello la propia cofradía titular del paso tomó la iniciativa de recurrir a un conjunto o colectivo, más o menos organizado, que se hiciese cargo todos los años de cargar con el mismo. Se pensó en la comunidad gitana, ya que ello era una forma de asegurarse los porteadores y de no tener que permanecer con la incertidumbre de encontrar o conseguir porteadores cada Semana Santa. Esta colectividad gitana funcionaba como una piña, y además por entonces manifestaban en conjunto una fe sencilla, que era por otra parte muy proclive al culto a las imágenes. Tras un tiempo de ensayos y dificultades por parte de la cofradía, en la década de 1950 se habían hecho cargo de esta misión algunas familias de la comunidad gitana local. Durante algunos años, por llamarlo de alguna forma, fue el “jefe de paso” Adolfo Jiménez, quien ejercía por entonces como patriarca o mediador de su comunidad. En este cometido organizativo le relevaría a partir de 1965, su hijo, Antonio Jiménez (Pelitos), el cual mantendrá esta costumbre hasta el año 1987.

Bajaban los hombres gitanos de Benavente en grupos hasta la ermita de la Soledad desde su barrio de San Martín, allí a sus puertas se organizaban entre ellos para sacar y portear convenientemente el paso durante la procesión. Éstos, al parecer, se coordinaban por la estatura y acompasadamente echaban el pie derecho hacia adelante en primer lugar, de tal forma que llevaban el paso muy coordinados, parecía como si lo portasen en volandas, con ese compás y gracia que saben ponerle a todo. Repeinados y con traje de estreno vestían sus mejores galas para la ocasión. Así se distingue en la instantánea fotográfica, entre otros, a Antonio Jiménez “Pelitos”, a su hermano Pedro y a Ramón, mientras que por delante caminando junto al grupo se distingue a Marchena y a Cheré (popular personaje donde los haya). Un grupo de niños “revolotea” a su alrededor, como rodeando el paso. Son gitanillos benaventanos, quienes sin separarse de sus mayores, colaboran o ayudan en asistir a sus padres, tíos o hermanos de mayor edad, bien llevando las perchas para sostener las andas en las paradas o bien en aquello que se les requiriese. Por otra parte su presencia en esta marcha procesional les servía de escuela para cuando tuvieran que relevar a sus familiares. Entre el grupo de niños se encuentran: Chanana, Antonio, Chipén, Pepe (el rubio) y otros.

Si bien esta fotografía corresponde a la procesión del Viernes Santo, llamada del “Sermón de las Siete Palabras” o “Procesión de Penitencia”, la cual tenía lugar a media mañana del mencionado día, no es menos cierto que más tarde en la tarde noche también portaban de nuevo el grupo escultórico en la Magna Procesión del Santo Entierro. Les solían acompañar en ambas un nutrido grupo de mujeres de su misma etnia, quienes se situaban detrás de las imágenes, rezando o pidiendo favores, algunas de ellas iban incluso caminaban descalzas en cumplimiento de alguna promesa u ofrecimiento.

En esta escena de la procesión se pueden distinguir algunas de las edificaciones del entorno de la entonces denominada Plaza de Calvo Sotelo, una vez que la comitiva ha salido ya de la Calle de la Rúa y desemboca en la citada plaza para dirigirse hacia la iglesia de Santa María del Azogue. Entre los edificios y establecimientos de la misma reconocemos el comercio de tejidos “La Giralda”, al fondo se distinguen otros edificios de la calle de la Rúa, tal es el caso de la fachada y galería del edifico del antiguo Casino o Círculo de Benavente, además de algún negocio comercial como “Galerías Jumar”, junto al pasaje del Gran Teatro. Se dirige el grupo hacia la iglesia de Santa María como caminando cadenciosamente.

La posterior conversión de la mayor parte de sus componentes al culto evangélico ocasionaría su desvinculación del rito católico y por ende de la Semana Santa de la ciudad. En este cometido de portar el paso del Calvario sustituirían al colectivo gitano los miembros del grupo de Protección Civil.

La presente imagen desde hace varias décadas es ya irrepetible, pues desde hace más de cinco lustros ya no llevan los gitanos de Benavente el paso del Calvario, hace ya mucho tiempo que su presencia en nuestras procesiones se quedó para el recuerdo. Quizás ponían éstos con su participación una nota de colorido e incluso unas pinceladas de originalidad e idiosincrasia local en algunas de nuestras procesiones. En cualquier caso es sin duda éste un momento singular del Viernes Santo, una estampa más de nuestra Semana Santa, que como otras muchas cosas, se perdió para siempre…

Juan Carlos de la Mata Guerra
Fotografía: Pilar Huerga Mielgo

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bonito paso e interesante foto y artículo, eso sí, para compararlo con "el Cachorro" hay que hacer un esfuerzo de imaginación bastante notable.